• Blanca Santoro

Reverso


Es la historia de un cabrón. Vamos, no voy a engañarte, es lo que pensé tras leer el primer capítulo. Y con esto me refiero a que el protagonista hace que cojas aire en más de una ocasión y que te digas: Vale, me ha quedado claro que vienen curvas. ¡Y qué curvas! Sin embargo, el autor, como hipnotizador de serpientes, consigue que te sumerjas en la historia y que le sonrías y levantes una ceja cada vez que Dani, el protagonista, habla con nosotros o nos cuenta una parte de su historia.


No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que esta vez me había pasado. Hasta ahí llego, no te creas. Aunque llego cuando ya me he pasado, ¡no veas cómo me cuesta verlo venir antes de llegar!

Blanco y negro. Frío y caliente. En estas aguas nos envuelve el autor a medida que la historia avanza. Es un peregrinar hacia tierras desconocidas, una incógnita teñida de esperanza, de ilusión y miedo. Un punto marcado en un mapa que no sabes a qué distancia está ni si llegarás a tocarlo. Es un avanzar con la curiosidad despierta, alborotada, un ir sin volver…

No estaba en disposición de enamorarme, que es la forma natural de llegar a esa mirada, o más correcto aún, de dejar que esa mirada llegue a ti, pero es amor lo que yo pedía. ¡Por Dios, qué ganas de vivir tenía! Ansiaba tener algo que ansiar, entregarme sin mirar adelante ni atrás. ¿Pero dónde buscar?

En este mundo de locura, hay algo innegable, la soberbia pluma del autor. Elegante, madura, trazada con fuertes rasgos; seguro de su efecto en el papel. Después de todo y, como decía un amigo mío: “A veces la locura nos sirve para expresar lo que no se puede expresar”.


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  • Negro del icono del Amazonas

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