• Blanca Santoro

¿Quién le teme al lobo feroz?

"Miro de nuevo la imagen del espejo y sólo veo a una mujer herida, hundida, que lucha por salir victoriosa de una guerra que nunca pidió librar".

LA VIDA NO ES UN CAMPO DE BATALLA; o por lo menos nunca lo fue para mí hasta que conocí a mi lobo particular, entonces se convirtió en una guerra por mi supervivencia. Claro que yo no era consciente de que, con cada capitulación, sacrificaba una parte de mí. Yo era de las que creía que todos en algún momento de nuestra vida sacrificamos algo en nombre del amor: ya sean los amigos, la familia o, hasta, el trabajo. Era una de esas normas no escritas de la vida por la que todas las parejas pasamos. Un dejar atrás para poder avanzar. Sin embargo, cada vez que renunciaba a algo, perdía una parte de lo más valioso que poseía: a mí misma. Claro, hasta el día en que Alejandro se cruzó en mi camino. A partir de ese día, todo cambió.

"Ella nunca fue mía. Nunca pretendí lo que fuera, nunca quise que lo fuera y, sin embargo, durante un minuto, fue todo lo mía que alguien puede ser".

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  • Negro del icono del Amazonas

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