• Blanca Santoro

come, reza, ama



Os voy a explicar una historia:


Hace unos meses, empecé a leer este libro por sus buenas críticas. No esperaba nada de él, sólo que me gustase; es más, desde un punto de vista, lo consideraba romántico. Así que lo descargué en mi Kindle y me dispuse a disfrutar de su lectura.

Hasta aquí una situación bien normal, sino fuera, claro, porque al cabo de unas páginas lo dejé de leer. ¿Por qué lo hice? No tengo ninguna respuesta razonable. La historia me gustaba, la pluma de la autora también y, sin embargo, algo en mi interior me hizo dejar el libro a un lado.


Semanas después, descubrí la película en Neflix y con esto me convencí de que, bueno, ya sabía de qué iba el libro y que ya podía continuar con mi vida, sin terminar de leerlo.

De hecho, no hubiera vuelto a él si no fuera por la cuarentena.

Sí, has leído bien. Gracias a estos días de encierro retomé su lectura. ¿Qué cómo sucedió? De la manera más simple que puedas imaginarte. Un día, paseando por Instagram, me paré en la cuenta de una editorial a escuchar a una escritora recitar el párrafo de un libro, y me gustó tanto que cuando dijeron a qué novela pertenecía me quedé…


¿No te parece curioso cómo a veces la vida parece confabularse para que hagas algo? Y es que, debo reconocer, me enamoré de este libro.


Dime, ¿te ha pasado alguna vez algo parecido?



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